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Regresar no es un fracaso

hace 2 horas
3 min de lectura

México también es tierra de segundas oportunidades

Por Israel Concha | Fundador y Presidente de New Comienzos

15 de octubre de 2026

Israel Concha con la bandera mexicana frente al horizonte de Paseo de la Reforma en Ciudad de México al atardecer, con señales hacia Estados Unidos y México

Durante muchos años nos hicieron creer que el sueño americano tenía una sola dirección: hacia el norte.

Cruzamos fronteras buscando oportunidades, construimos familias, aprendimos un segundo idioma, trabajamos largas jornadas y contribuimos al desarrollo de comunidades enteras en Estados Unidos.

Pero ¿qué sucede cuando ese sueño se interrumpe?

¿Qué ocurre cuando una persona es deportada al país donde nació, pero al que ya no reconoce como su hogar?

¿Y quién recibe a quienes regresan después de haber pasado diez, veinte o treinta años lejos de México?

Estas preguntas no son solamente parte de mi trabajo. Son parte de mi propia historia.

El día que mi vida cambió

Después de vivir más de tres décadas en Estados Unidos, enfrenté la detención migratoria y posteriormente fui deportado a México.

Regresé a mi país con incertidumbre, miedo y la difícil tarea de comenzar de nuevo.

Poco después de mi llegada fui víctima de un secuestro.

Aquella experiencia me mostró una realidad que miles de mexicanos conocen demasiado bien: regresar a nuestro país no siempre significa encontrar seguridad, comprensión u oportunidades.

En muchos casos, significa comenzar desde cero.

Sin trabajo. Sin redes de apoyo. Sin conocer los sistemas de un país que, aunque aparece en nuestro pasaporte, puede sentirse completamente desconocido.

Sin embargo, algo cambió en mí.

Comprendí que mi historia no tenía que terminar con una deportación.

Podía convertirse en el comienzo de algo mucho más grande.

De una deportación nació una misión

En 2015 fundé New Comienzos con una convicción: ninguna persona debería enfrentar sola el proceso de reconstruir su vida después de regresar a México.

Lo que comenzó como una iniciativa comunitaria se transformó en una organización binacional dedicada a conectar a personas deportadas, retornadas y familias con herramientas para reconstruir su futuro.

Con el tiempo impulsamos Little L.A., una comunidad de retornados en Ciudad de México que se convirtió en un punto de encuentro para quienes comparten experiencias entre dos países.

Hoy trabajamos para fortalecer Dream In Mexico, un ecosistema de reintegración que combina acompañamiento humano, tecnología, orientación, educación, mentoría, desarrollo laboral y acceso a redes de apoyo.

Pero nuestra misión va más allá de ofrecer servicios.

Queremos transformar la manera en que México recibe y reconoce a sus propios ciudadanos.

México necesita cambiar su manera de ver el retorno

Durante décadas hemos reconocido las contribuciones económicas de los migrantes mexicanos en Estados Unidos.

Celebramos las remesas, su esfuerzo y su capacidad de salir adelante.

Y tenemos razones para hacerlo.

Sin embargo, existe una pregunta que debemos hacernos como sociedad:

¿Qué sucede con nuestros connacionales cuando dejan de enviar remesas y comienzan a necesitar oportunidades en México?

No podemos reconocer su valor únicamente mientras trabajan en el extranjero.

Debemos reconocer también sus conocimientos, experiencias, habilidades y derechos cuando regresan.

Una persona deportada no pierde su dignidad.

Una familia retornada no pierde su valor.

Y un mexicano que vuelve a casa no debería perder su derecho a soñar.

La reintegración debe dejar de entenderse como una respuesta de emergencia y convertirse en una responsabilidad compartida entre instituciones, empresas, organizaciones civiles y comunidades.

No basta con recibir a alguien en un aeropuerto.

Debemos preguntarnos cómo estará esa persona treinta, sesenta o noventa días después de su llegada.

¿Encontró empleo? ¿Tiene dónde vivir? ¿Recibió orientación? ¿Pudo reunirse con su familia? ¿Encontró una comunidad donde pertenecer?

Ahí comienza la verdadera reintegración.

Un movimiento que nace de nuestra propia experiencia

Creo profundamente que México tiene una oportunidad histórica.

Miles de personas que regresan hablan dos idiomas, conocen diferentes culturas, tienen experiencia laboral y poseen conocimientos que pueden contribuir al desarrollo de nuestro país.

No son una carga.

Son talento, experiencia y potencial.

Pero ese potencial necesita infraestructura, reconocimiento y oportunidades reales.

Por eso seguiremos construyendo desde New Comienzos, desde Little L.A. y junto a quienes creen que la dignidad humana no depende de un documento migratorio.

Esta primera columna es también una invitación.

A los mexicanos que han regresado: sus historias importan.

A quienes todavía viven en Estados Unidos y temen una posible deportación: existen comunidades dispuestas a acompañarlos.

A las empresas, universidades, instituciones y organizaciones: necesitamos que formen parte de las soluciones.

Y a México: es momento de recibir a nuestros connacionales no solamente con palabras de bienvenida, sino con caminos concretos hacia una vida digna.

Porque la deportación puede cambiar nuestro destino, pero no tiene por qué definir nuestro futuro.

Regresar no es un fracaso.

En México también hay sueños.

Israel Concha es fundador y Presidente de New Comienzos, una organización binacional dedicada a facilitar oportunidades y procesos de reintegración para mexicanos deportados, retornados y familias binacionales.

Conoce más y regístrate gratuitamente en www.newcomienzos.org.

 
 
 

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